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sábado, 11 de diciembre de 2010

Epílogo inédito de "Breve testimonio de una mirada". De la propia autora, Ana Vega

A veces el amor es un modo de nombrar las cosas, a nosotros mismos, el reflejo en los ojos del otro nos ofrece una visión definitiva y desconocida de quien creemos ser. La amputación de ese reflejo provoca un descenso al abismo tan desgarrador que tan sólo entonces alcanzamos a comprender que nuestro verdadero rostro siempre permanecerá escondido bajo alguna máscara, sellado. Difícil mantener la fe, esa inocencia extirpada a dentelladas. Algunos no logran recuperarse nunca del escepticismo que se adhiere a la piel tras la ausencia.
Bajo la excusa de esta ausencia nos enfrentamos a la soledad misma del ser y, duplicada ésta, frente al abandono. La consciencia brutal del que sigue atrapado todavía en un pasado del que le cuesta salir y al que debe renunciar en legítima defensa, bajo el escudo de ese amor ausente. Asimismo ese pasado doliente y doloroso vuelve al presente, unas veces es buscado, por esa necesidad de ampararse en que algo quede en pie, ese deseo de continuidad, de aferrarse a lo que queda, al recuerdo, o aparece sin más como reclamando ser visto, para no ser olvidado, para retener esa mirada. Un camino hacia el olvido, con paso firme, pero lento, desde el pasado hacia el futuro. El presente se transforma en un mero trámite doloroso entre ambos estados, puesto que si el pasado sirve como faro que dirige las acciones actuales, el futuro pasa a ser el objetivo fundamental de la catarsis, la esperanza que ha de llegar, que se intuye, aunque aún no se pueda sentir.
La incredulidad de quien se ha sentido amado cuando se golpea con la realidad.


Ana Vega

jueves, 28 de octubre de 2010

Breve biografía de Estrella Juárez

Estrella Juárez nace en Espiel (Códoba). Desde niña, tras las lecturas de Miguel Hernández y Antonio Machado comenzó su interés y formación en la poesía. En 1996 entra a formar parte de la Asociación Española de Amigos de la Poesía de Móstoles (ASEAPO), donde fue presidenta durante 4 años. Comienza entonces a organizar una serie de ciclos y recitales así como de talleres de iniciación a la poesía en Colegios, Institutos, Centros Culturales y otras asociaciones e instituciones públicas y privadas. También ha sido actriz de teatro e impulsora del Certamen de Dicción y Declamación para Niños desde el año 2002. Además desde  1985 recibe formación y la influencia de poetas como Mario Benedetti, Pepe Iglesias, Manolo Romero, Gonzalo Escarpa, Eva Chinchilla o Basilio Rodríguez Cañada.
Ha publicado parcialmente su obra en publicaciones periódicas como Cuadernos del Matemático, Rimas o Atlas de Divagantes. También ha publicado en las antologías “Las manos en el semblante” “Esta boca es vuestra” “Antología del flamenco” y “Boca avoca” así como en otras publicaciones antológicas de la Fundación Centro de Poesía José Hierro. Asimismo ha participado en el  proyecto “Getafe, ciudad de ángeles”.
Con voz de punta supone la realización de un sueño, poder ver uno de sus mejores poemarios publicado.

lunes, 18 de octubre de 2010

Los niños (Mar Benegas, "niña pluma, niña nadie")

los niños
son lanzados con el puño cerrado
se estrellan contra las paredes,
y limpian la sangre

los niños
con bracitos de alambre
desgranan la tierra,
lombrices ciegas que braman por dentro

los niños
saltan por los aires
celebran así, con regocijo
que besaron una mina

los niños
ofrecen su sexo pequeño
como un juguete
son generosos,
sólo piden a cambio unas monedas

los niños:
los niños
no
existen

sábado, 16 de octubre de 2010

Sobre "Niña pluma, niña nadie", de Mar Benegas. Por Rebeca Álvarez Casal del Rey

La lectura de Niña pluma, niña nadie provoca la sensación, tan placentera como inusual (o tan placentera, precisamente, por lo inusual), de estar ante un trabajo bien hecho.

No se le ven las costuras, no le sobra un plano. Escrito con iguales dosis de madurez y frescura parece nacido, entre otras muchas cosas, de la cristalización de noticias de telediario. Aunque hay que añadir que, con su personalísimo e inteligente uso de la ironía, Mar Benegas da una vuelta (o varias) al concepto de denuncia.

Los niños toman la palabra, en primera persona del plural. Testimonio de la víctima más frágil de todo conflicto. Hoy, ayer, siempre. En todo lugar. Y, sin embargo, hay esperanza.

Con mucha hondura pero en cambio, si se relee una y otra vez, no es porque ninguna densidad dificulte su comprensión. Es para saborearlo del todo, más despacio, después de haberlo bebido de un trago la primera vez.

“y entre escombros
tocó con sus dedos
-siempre-
una ligera esperanza”

Sobre "La mujer anochecía" de Ada Menéndez. Por Rebeca Álvarez Casal del Rey


Si hay un adjetivo para definir la poesía de Ada Menéndez ese es valiente. Sin duda. Porque valiente es el que corre un riesgo, el que experimenta sin complejos, el que se expone sin la coraza de las referencias culturales. El que bordea los límites. Y los ensancha.

Hace aterrizar un ovni en su balcón, entre geranios y petunias, renunciando por igual a la puntuación y al discurso edulcorado. La expresividad está ahí, es el propio poema el que marca sus pausas, son las palabras las que exclaman sin necesidad de los signos.

Esa escritura tan coloquial y en cambio tan pulida, tan absolutamente propia. Tan mujer. Porque la escritura de Ada es mujer.

La mujer anochecía está escrita –descrita– desde la emoción. Desde lo cotidiano, la rabia, el deseo, el dolor de ovarios. Tan lejana a esos tiempos en que el estereotipo de lo femenino, en poesía (como en todo), lo marcaban los hombres.



Dices que estoy en uno de esos días tan de nosotras (Ada Menéndez, "La mujer anochecía")

Dices que estoy en uno de esos días tan de nosotras
tienes razón
quiero ahogarte con la almohada darte un golpe seco
asfixiarte dejarte sin dientes
estoy en uno de esos días donde la delincuencia se me escapa
flotar en la bañera con mis ovarios hinchados y doloridos
deseo arrancar el sol del cielo escupir sobre el uniforme a rayas de la cajera
mi cuerpo sexy se ha escondido bajo un vestido negro
el pelo está grasiento no hay champú que limpie tanta mala leche
tienes razón estoy en uno de esos días tan de nosotras
uno de esos días
tan míos

Si me rescatas del frío (Ana Vega, "Breve testimonio de una mirada")

Si me rescatas
del frío,
prometo abandonar
el invierno
para siempre...

Sobre "Breve testimonio de una mirada", de Ana Vega. Por Rebeca Álvarez Casal del Rey

¿Quién no ha sentido alguna vez ese vacío que deja un abrazo tras una despedida? El olor, cada vez más difuminado, que deja en nuestras sábanas la ausencia. La piel y su memoria, sin huella, que se va confundiendo despacio con el roce de la ropa. Los brazos, finalmente, rodeados sólo por el aire.

De eso, y de muchas más cosas, nos habla Ana Vega en Breve testimonio de una mirada; a través de poemas depurados y sin apenas adornos. Hablar del deseo, con semejante contención formal, es una apuesta tan atractiva como arriesgada. Y la gana.

El invierno parece nacer del hambre, el desasosiego y el frío que provoca la ausencia; de ese único plato sobre la mesa del que nos habla. Y del silencio. De la ansiedad de saborear sin el sentido del gusto, de acariciar sin tacto. De no poder besar.

Todo ello contrapuesto al vértigo que produce la proximidad. A esa necesidad, tan vital e imperiosa, que provoca el amor.


                                                          

viernes, 15 de octubre de 2010

Sobre "Con voz de punta" de Estrella Juárez. Por Rebeca Álvarez Casal del Rey

Con voz de punta irradia ternura y nostalgia, huele a casa de campo con muros de piedra y a trigo. Con la mirada a mitad de camino entre el futuro y esos montes que nunca volverán. Porque hay verde, mucho verde (que te quiero, verde). Verde hasta en los ojos. Nada Madrid es este poemario, nada urbano. De hecho, deja sed de vacaciones en el norte.
En este su primer libro Estrella Juárez reflexiona sobre el origen, el legado generacional y la maternidad. Es atemporal, tiene ese toque clásico, con tintes costumbristas, que lo sitúa fuera de etiquetas al uso.
La hija que se metamorfosea en madre, dando un giro así a la identidad y a la relación con el propio nombre. La reflexión sobre la escritura, mucha metapoesía hay en estas páginas. El amor... Y detrás de cada poema se esconde algo inquietante, apenas insinuado, pinceladas que dan un toque oscuro (y mucha enjundia) a Con la voz de puna.

jueves, 7 de octubre de 2010

Ese reptil anegado en barro (Ana Vega, "Breve testimonio de una mirada")

Ese reptil anegado en barro.
La experiencia del frío verde
y la humedad,
las calles desiertas
al grito.
El residuo animado y chirriante
que deja el dolor
tras de sí.

Nada.
Nada alrededor.

Como si un muerto
anidase el vientre.

Y una advertencia en el aire:
el dolor lo engulle todo.

miércoles, 6 de octubre de 2010

A veces los niños (Mar Benegas, "Niña pluma, niña nadie")

a veces los niños
hacemos el amor
sobre una barra de pan

por debajo de la espalda
se extiende un campo
aunque no haya suelo
y sólo una hogaza nos sostenga

amasar sin ropa
las pieles que tiemblan
dedos, ojos y boca
se mezclan con las migas

levadura y agua tibia
fermentan despacio
en un rito alquímico de masticar
aquello recién horneado

es la metamorfosis del trigo
la que deja las manos manchadas:
harina y media medida de miedo

nos cogemos, nos sujetamos
el uno al otro
porque tememos caernos
por cualquiera de los bordes

Primera flor de almendro. De "Con voz de punta", de Estrella Juárez

PRIMERA FLOR DE ALMENDRO

Hay una almendra amarga en el pozo del pecho.
Dentro de las palabras la saliva traidora
envenena el lenguaje,
y en el pulso del verbo hay una red azul
de esperma detenido.
Un mar secreto, un mar de olas oscuras,
una tiniebla extraña.

martes, 5 de octubre de 2010

Del epílogo de "La mujer anochecía" de Ada Menéndez. Por Oscar D'aniello (sin tilde en la o por petición del autor)

Es Ada. La puta, la tierna, la mujer que anochece y disfruta como tantos muchos. Grande, única, del pueblo, del club de los que se arrojan al mar de noche. Cuando no ves nada, ni siquiera tus pies. Cuando no sabes por dónde caminas aunque sientas el gustito de la arena entre los dedos. Valiente, como el ciclista ante la escapada. Ada es así. Pa' lante, transparente. Si te incomoda, busca otro sofá. Ada no se esconde ante un velo de misericordia, no pretende caer bien ni hacerte un masaje.

Del prólogo de "La mujer anochecía" de Ada Menéndez. Por José Luis Piquero

¿En dónde encajaría una poesía como ésta en el panorama poético español? No sabría decirlo y no me tienta en lo más mínimo clasificar a Ada y a su obra, ponerle un código de barras. Pero, tras leerla, me atrevo a decir que su lugar es el de los que no se conforman, los que no siguen el camino marcado sino que van, tozudamente, a contracorriente y tienen una curiosa fijación: decir la verdad aunque duela. Ada Menéndez se desnuda porque quiere, porque necesita hacerlo, y nos gusta el cuerpo de su poesía, en la que todo es verdad. No hace falta ninguna otra etiqueta.

domingo, 3 de octubre de 2010

Los niños siempre tenemos hambre (Mar Benegas, "Niña pluma, niña nadie")

los niños siempre tenemos hambre
y comemos serrín o cristales
según el día lleve zapatos
o venga vestido de brumas

es entonces que vivimos sin cobijo
los pedales y la cesta,
las rodillas se doblan
y acontecen como un júbilo

es entonces que sólo la palabra
como una medalla en el pecho
puede salvarnos
inventar la realidad, otra,
súbita y poderosa,
que dé nombre a las cosas
nombres nuevos
para los cuerpos y bicicletas
que no nos duelan tanto

y es ella, la palabra
la que rige este mundo imaginado,
anidando como pájaro de hojas
es ella la que nos salva
cuando la escribimos con tiza
por las calles de los pueblos

Razón de olvido (Estrella Juárez, "Con voz de punta")

RAZÓN DE OLVIDO


Con agujas de pino, cosía un dobladillo
a una hoja caída.
Después me la entregó.
Me la puso en la palma de la mano.
Dijo que era una estrella.
Me gusta este verso donde escribo mi nombre.
Ahora, le doy la vuelta a los bolsillos
buscando aquella hoja.
Tal vez su corazón recoge lluvia.
Estrella Juárez nace en Espiel (Códoba). Desde niña, tras las lecturas de Miguel Hernández y Antonio Machado comenzó su interés y formación en la poesía. En 1996 entra a formar parte de la Asociación Española de Amigos de la Poesía de Móstoles (ASEAPO), donde fue presidenta durante 4 años. Comienza entonces a organizar una serie de ciclos y recitales así como de talleres de iniciación a la poesía en Colegios, Institutos, Centros Culturales y otras asociaciones e instituciones públicas y privadas. También ha sido actriz de teatro e impulsora del Certamen de Dicción y Declamación para Niños desde el año 2002. Además desde  1985 recibe formación y la influencia de poetas como Mario Benedetti, Pepe Iglesias, Manolo Romero, Gonzalo Escarpa, Eva Chinchilla o Basilio Rodríguez Cañada.
Ha publicado parcialmente su obra en publicaciones periódicas como Cuadernos del Matemático, Rimas o Atlas de Divagantes. También ha publicado en las antologías “Las manos en el semblante” “Esta boca es vuestra” “Antología del flamenco” y “Boca avoca” así como en otras publicaciones antológicas de la Fundación Centro de Poesía José Hierro. Asimismo ha participado en el  proyecto “Getafe, ciudad de ángeles”.
Con voz de punta supone la realización de un sueño, poder ver uno de sus mejores poemarios publicado.

Fragmento del prólogo de "Con voz de punta", Estrella Juárez. Por Tacha Romero.

Uno no deja de sorprenderse cuando descubre a Estrella Juárez. Lo que hay detrás de ella y de su poesía parece siempre un misterio, una sorpresa constante que a veces te emociona de tal manera que apenas sí puedes respirar. Hay en su verso, en su ritmo, una magia especial, distinta, algo que te lleva, te conmueve, te deja el corazón en vilo. Lejos de toda obviedad su mano te zarandea del amor al desasosiego y después a la conciencia y la fortuna de estar vivos. Teje página a página su historia y nos envuelve en su ternura, en la indefensión de una niña que parece estar siendo testigo de su propia vida mucho más allá de los años, como asomada a la rendija de una puerta que siempre permanece abierta por más que pase el tiempo. En sus versos encontramos la soledad y la duda, el miedo a avanzar sola por una vida hostil que transforma a Estrella en dos mujeres, Estrella madre y Estrella hija y detrás de ambas el miedo.

También se palpa su fuerza, la belleza y la contundencia de las imágenes dejan ver una poeta con carácter que sabe captar el momento exacto en el que ocurre la poesía y nos adentra en un universo en el que todo está a flor de piel, donde se respiran herida y cicatriz al tiempo y donde poema a poema nos vamos dejando mecer por un lenguaje profundo e íntimo que nos abraza y nos hace mirar desde sus ojos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Del prólogo del libro de Mar Benegas, "Niña pluma, niña nadie". Por Víktor Gómez

Y viene desnudo de citas o referencias culturales directas, porque es un libro testimonial a la manera que entendiera Celan (nadie puede hablar por el testigo) pero a su vez es un ejercicio de ordenación de un pensamiento intuitivo, desde lo soñado y lo vivido, desde uno y múltiple, que nos concierne a todas las personas y a cada una en particular.

Fragmento del prólogo del libro de Ana Vega, "Breve testimonio de una mirada", por Francisco Alba

El estilo de Ana Vega es seco, carece de adornos. Su cuerpo es elocuente. Las palabras caen una a una como lágrimas o gotas de cera. Tenemos que aguzar el oído para escuchar esos silencios que se agazapan entre las palabras, entre los versos. Son silencios que pesan. A nuestra poeta le gusta la economía en la expresión y la intensidad. No podría ser de otra manera en alguien que escribió con una desnudez y una desolación que recuerdan a Samuel Beckett: “Nacemos y morimos solos, ya está, eso es todo. Nada antes de nacer, nada después, apenas nada tampoco mientras tanto. Nada entonces.”